Cuando el deseo de logro; cuando el esperar mucho de la vida, encubren una insuficiente valoración de la propia realidad personal… Cuando lo propio está funcionando positivamente pero, sin embargo, es considerado demasiado sencillo, demasiado simple, demasiado poco, tan poca cosa que no se percibe como digno de ser atendido tan siquiera. ¿Tal vez, porque la motivación que mueve está condicionada por el ritmo marcado por una sociedad rápida, vertiginosamente cambiante y sumamente ambiciosa?… Pero, ¿y si todo aquello que creemos que nos aportará bienestar y plenitud viniera de serie en nosotros mismos?… Y sin embargo no somos, en muchas ocasiones, conscientes de ello… Cuesta sacarlo a la luz pues, tal vez, se ha aprendido a no valorarlo, tanto que, ni siquiera lo miramos.., como si hubiéramos sido programados para ello, para ser ciegos ante nosotros mismos y, también, para perseguir las pautas externas de una sociedad que promueve, entre otros, por ejemplo,… ¿la insensibilidad, la frialdad, el consumo extremo…?. Cada persona es un mundo individual pleno en sí mismo, único e irrepetible, digno de ser atendido concienzudamente. Por ello, considero importante que cada uno comience a observar qué es necesario de verdad en su interior para sí mismo/a, para que dicho mundo se gobierne en armonía y fidelidad a las propias leyes de éste y, no sea algo externo y ajeno al conocimiento interno lo que tome las riendas, sin saber ni importar si beneficia o perjudica a éste. La pregunta es: ¿Qué decidimos hacer entonces?… Decidir y elegir libremente es muy importante. Entonces, sea lo que fuere lo que se decida, mejor hacerlo siendo plenamente conscientes de nosotros mismos.
Atentamente,
Mónica de Brito


